La interiorización del mal

Por: Josep Giralt | 02 de abril de 2014

¿Por qué algunas personas son duras como el acero y otras se doblegan como un junco?  Mi hermana mayor sostiene la teoría que la vida es como un recipiente que se va llenando, pero llega un momento en el que no cabe ni una brizna de sufrimiento más. Sin duda esta hipótesis cae por su propio peso, dependiendo siempre de con quién nos comparemos. Sin embargo, es cierto que la paciencia tiene un límite, incluso para quienes parecen resistir más. No se puede con todo y mucho menos cuando llevas la espalda cargada. Llega un momento que hasta la heroicidad se agota de viajar incansablemente en soledad por el desierto.

Ego2

Nos han vendido la sociedad del éxito, de la competencia, de la idealización del liderazgo con sus objetivos, resultados y rendimiento, pero lo que estamos sufriendo es la sociedad del cansancio. Nadie explica la real dimensión de la gestión del poder, ni las “cualidades” indiscutibles que se necesitan para alcanzarlo. Desde la escuela se nos enseña que tenemos que estudiar para “aprobar”, prepararnos para moldear nuestro carácter y personalidad a fin de asumir e interiorizar nuestra esclavitud al servicio del actual sistema. El mismo cuento de siempre; la sociedad necesita líderes “competitivos” y “mesiánicos” que dirijan nuestros pensamientos y a poder ser nuestros actos. Por el contrario saben, que enseñar la conciencia y la práctica de la libertad puede ser un ejercicio peligroso y poco dado a la subordinación.

El filósofo coreano Byung-Chul Han, afincado en Berlín describe la situación actual de la siguiente forma: “El hombre contemporáneo ya no sufre de ataques virales procedentes del exterior; se corroe a sí mismo entregado a la búsqueda del éxito. Un recorrido narcisista hacia la nada que lo agota y lo aboca a la depresión”. 

Coreano

Byung-Chul Han

Desde el primer momento se nos condena a una carrera sin fin y en solitario, donde la única recompensa (con suerte) es pagar las facturas. El hombre y la mujer de hoy se han visto finalmente abocados al sometimiento. En realidad ya no existen alternativas. Si quieres formar parte del circo, debes pagar el peaje. Recuerdo un ex directivo con el que trabajé que, a medida que fue disfrutando de los beneficios del poder, se fue alejando cada vez más de la realidad. Su perversión con el lenguaje era indignante. Utilizaba una cantidad de términos y de eufemismos para no llamar a las cosas como son realmente sorprendente. Causaba vergüenza ajena. Sin duda, lo más grave del asunto, es que era incapaz de entender que, a pesar de su posición, era tan esclavo como aquellos a quienes sometía.

Toda su vida era un engaño, en realidad como la de casi todos. Pero ya se sabe que hay grados, incluso en la impostura. Tenía la inteligencia emocional de un mejillón, pero sabía como tenía que comportarse con cada uno de los que formaban parte de la jerarquía. Su estrategia se basaba en marcar territorio y en sumar contactos a su agenda. Su felicidad dependía de los VIPS que iba añadiendo a su vida como si se tratase de la savia que necesitan las plantas para su supervivencia. Conocer a gente de “Alto Standing” y bien posicionada era su prioridad.

Blog

 

Trabajó en la empresa privada, en agencias de comunicación y otros ámbitos sociales, donde ha medrado (gracias a su agenda) hasta las más altas cimas del poder. Supongo que es la recompensa a su desbordado patriotismo, obediencia y devoción. ¿Cómo es posible que esta gente sea un modelo a seguir? En todos sus trabajos anteriores ha sido considerado un excelente ejecutivo. Fue el mejor vendiendo seguros, solidaridad o humo. Nunca se cuestionó lo que tenía que ofrecer. Lo único importante eran los resultados y por consiguiente su meteórica ascensión a la cumbre de la nada.

¿Qué hace que la impostura de la sumisión sea tan bien considerada? ¿Por qué no analizamos el éxito y lo que representa? ¿Vale la pena todo ese esfuerzo sólo por conseguir una buena imagen y ver tu nombre en unos titulares? ¿Son en algún momento conscientes de su propia ficción?

El error no es conocer gente. Hoy no somos nadie sin contactos. El error es forzarlos de una forma poco espontánea y buscarlos sólo con la intención de que nos sirvan para medrar. A este ejecutivo le salió de maravilla, pero el precio a mí entender fue demasiado alto.  Acabó viendo conspiraciones grotescas por todas las esquinas. Pues a esta clase de personas, – que aparecen en cualquier entorno social- el poder acaba por hacerles perder el criterio. Sin duda, son el paradigma de la expresión: “El soldado menos inteligente obedece mejor.”

Bertrand-russell

Nunca he olvidado una reflexión que me confesó y que me ha servido para analizar la personalidad de aquellos que sienten ambición por el poder: “Yo en la vida rehúyo los problemas. No soy de plantearme grandes preguntas, lo que quiero es tranquilidad”. No tengo muy claro que la calma sea uno de las particularidades que definiría la vida en general, o el mundo empresarial y político. ¿Merece la pena las horas de esfuerzo, falta de sueño, estudio y dedicación a la causa? ¿Es el ego el máximo responsable de esta ceguera? ¿Ser indolente se supone una virtud? ¿El afán de tenerlo todo bajo control para tu propio beneficio es acaso un objetivo vital?

El escritor Byung-Chul Han subraya: “El narcisismo te hace perder la distancia hacia el otro. Dejamos de percibir su mirada. Frente al enemigo exterior se pueden buscar anticuerpos, pero no cabe el uso de anticuerpos contra nosotros mismos. Y es que este modelo de poder controlador, patriarcal, autoritario, competitivo, ciego de envidia y miedo de perder visibilidad y reconocimiento, no sólo se alimenta de quienes lo ponen en práctica, sino de quienes con su silencio y complicidad, en su posición de esclavitud, avalan su existencia.”

Capitalismo

El sistema es de una perversidad aplastante. La interiorización del mal es consecuencia del régimen neoliberal que ha logrado algo muy importante: ya no necesita ejercer la represión porque esta ha sido interiorizada. B.C. Han en su libro “La Agonía del Eros” se muestra todavía más implacable: “El sistema neoliberal obliga al hombre a actuar como si fuera un empresario, un competidor del otro, al que solo le une la relación de competencia”. Hoy, sin embargo, “la violencia, que es inmanente al sistema neoliberal, ya no destruye desde fuera del propio individuo. Lo hace desde dentro y provoca depresión o cáncer.”  Por primera vez en la historia ya no existe la polarización ideológica, nos hemos convertido en nuestros propios enemigos. Todos somos esclavos, solo que algunos – los que se han quedado con la mayor porción de la tarta no sienten la necesidad de comprenderlo.

El roto

Mantener una conciencia crítica y un montón de interrogantes, sigue siendo para el establishment una cuestión de debiluchos susceptibles. Lo realmente importante ahora es preocuparse principalmente del YO egoísta. Es el triunfo del capitalismo más salvaje sin paliativos. No son capaces de ver que aún existen individuos que no se marchan de las organizaciones o compañías, sino que huyen de las malas personas y de quienes ejercen el poder de forma nefasta. Los mejores dirigentes saben que cuando se concentran en las pequeñas cosas, las grandes salen solas. ¿Pero como van a ocuparse de ellas si sólo centran su atención en sus propios egos?  Nos enfrentamos ante un sistema donde la soledad, la ambición desmedida y la incapacidad para percibir al otro, nos condenará al agotamiento. Debemos reinventar nuestra humanidad y comprender de una vez por todas que no podemos permitirnos el lujo de vivir  de espaldas a los demás.

Formamos parte de un sistema político, económico y social, enemigo de la equidad y la justicia. El neocapitalismo ha ganado la batalla enmascarado de democracia formal, pero torticera, desmemoriada y quebradiza. Ocurra lo que ocurra, debemos tomar conciencia de qué queremos ser. Y que nos está pasando.  ¿Existimos con el único fin de producir al servicio del sistema? ¿A qué precio?

 

Josep Giralt. Trabajó en Canal Plus, en el Congreso de los Diputados y como fotoperiodista en América Latina, África y Asia. Coautor del libro Sentir Etiopía, (RBA), compatibiliza su trabajo como periodista en una Fundación con el de colaborador en tertulias de actualidad en Ràdio Barcelona-Cadena Ser. Anteriormente dirigió durante cuatro años el espacio Películas incómodas en Com Ràdio. Ha publicado artículos y entrevistas en El País, Avui, y El Mundo, entre otros. Su frase: “No sirvo ni para seguir ni para conducir”, de Nietzsche; su película: Rocco y sus hermanos, de Visconti. Sus libros: Los ensayos, de Montaigne y Conversaciones, de Cioran.

 

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